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Circuito Lago Enriquillo… abrumadoramente hermoso y natural

Carreteras llenas de silencio y de paisajes que parecen postales, le dan la oportunidad de desconectarse de la crisis económica, la impotencia ante los políticos, el terrorismo, la necesidad de revisar Twitter, Facebook e Instagram cada seis minutos.

 Las cuevas de Las Caritas del lago Enriquillo fueron un refugio natural para los grupos preagrícolas, primeros pobladores de la isla.


Las cuevas de Las Caritas del lago Enriquillo fueron un refugio natural para los grupos preagrícolas, primeros pobladores de la isla.

Texto y fotos:

Manuela Lora/MS

 

BAHORUCO.- Viajar hacia la región Sur de la República Dominicana, específicamente, al circuito del lago Enriquillo, brinda la oportunidad de recorrer espacios olvidados para unos, y para otros desconocidos, pero definitivamente inmensurables en belleza y riqueza natural.

De Santo Domingo, capital dominicana, hacia el suroeste de la isla, la sensación de misterio y de naturaleza prodigiosa se aprecia desde que se franquean las provincias San Cristóbal, Baní y Azua, pero luego que se pasa el último pueblito de esta ciudad el sentimiento de “estoy lejos” empieza a agrandarse, aún más, al tocar la parte norte de la provincia de Barahona, donde la carretera se divide en dos y entonces, luego de un rato, se pasa por Quita Coraza, Vicente Noble, Tamayo y Villa Jaragua… entre otras  comunidades cuyos habitantes no los dejan ser “fantasma” pintando sus casas de colores y amarrando uno que otro chivo, burro o caballo frente a las mismas, para que sepan que ahí vive gente que trabaja.

Adentrarse en el sur profundo le da la oportunidad de desconectarse de la crisis económica, la impotencia ante los políticos, el terrorismo, la necesidad de revisar Twitter, Facebook e Instagram cada seis minutos,  el estrés de hacer la compra en un gran supermercado o de buscar un parqueo en el centro comercial de moda.

No, el sur es otro mundo, otra cosa. Es un lugar donde la pobreza impera en espacios primorosos y en paisajes secos que parecen postales. Pueblitos hechos de madera vieja y en los que se nota que sus construcciones son ensayos de concreto, pero donde se deja ver la fuerza pujante de gente laboriosa que por las tardes descansan en sus pequeños parquecitos, y donde ni siquiera eso hay, pues utilizan la orilla del lago, de la carretera o las galerías improvisadas frente a sus casas.

AVENTURA.- Recorrer el territorio de Neyba es simplemente un privilegio para cualquier ser viviente. Sus calles anchas, empolvadas y repletas de “motoconchos”, sus aceras con gente que va y viene despreocupada de si entregaron los Oscar o en manos de quien quedó el Nobel de la Literatura, hacen de este lugar un refugio.

Neyba es la capital de la provincia de Bahoruco, y su nombre, de origen taíno, significa “tierra blanca entre dos ríos”. Cuando se atraviesa el pueblo y se sigue la ruta hacia el Lago Enriquillo, se puede apreciar mejor la extraordinaria vista de la sierra, unas filas de montañas que conforman una cordillera de más de 100 kilómetros que se pierden a lo lejos a la vista de todos… si, de todos los hipnotizados por su belleza.

¿Y qué decir de la vista del Lago? Es aquel paisaje, con aquel pedazo de azul amontonado y vivo, con la brisa intranquilizando permanentemente sus formas y provocando olas, y al mismo tiempo, un sol casi maléfico metiendo su luz y dorándolas, creando una especie de juego de espejos y destellos… Eso definitivamente, usted tiene que ir a verlo.

Recientemente el Ministerio de Medio Ambiente inauguró un nuevo Centro de Visitantes, específicamente en la zona de Las Azufradas. Desde la carretera podrá encontrarlo a mano izquierda, luego de pasarle por el frente a Las Caritas (por cierto, las escalinatas y pasamanos de esta área fueron remozadas, así que no deje de ir a ver las pictografías indígenas).

Cuando llegue al Centro de Visitantes, si va en vehículo propio, entre con extrema precaución, ya que tanto el parqueo como el caserón de la referida institución están repletos de iguanas, las más comelonas de todas. Realmente, si lo ven a usted masticando, aunque sea chiclets, se le acercarán a pedir su cuota, pero, ojo, no les dé de comer, además de que está prohibido debe entender que para la salud de estos animales no es conveniente ingerir alimentos dirigidos a los seres humanos. Usted solo tiene que ignorarlas.

En el Centro de Visitantes del ministerio, que queda en un alto a la orillas del Lago Enriquillo, además de encontrar interesante material informativo expuesto en su primer piso, también encontrará guías que le podrán edificar sobre los recursos de esta reserva.  A un costado de esta propiedad se instalaron dos muelles flotantes para embarcar a quienes deseen ir a explorar la Isla Cabrito.

CALOR.- El recorrido por el Lago es sobrecogedor. Por un lado la sierra de Neyba, por otro, la sierra de Bahoruco, y todo alrededor plagado de una flora espectacular, características del bosque espinoso subtropical y del bosque seco subtropical. Este pedazo de agua salada y protegida, estacionada en lo que los estudiosos de la geografía llamaron “La Hoya del Lago Enriquillo”, constituye una fase tectónica joven con unos 100 kilómetros de extensión y un promedio de anchura de unos 20 kilómetros (el más grande de las Antillas).

La mejor recomendación es que no olvide el protector solar. Definitivamente el sol no tiene donde colarse en esta hermosa parte del planeta. Quema. La temperatura en toda la zona es relativamente alta, oscilando entre 27 grados Celsius a 28 °C, llegando incluso a 36 °C, pero si usted se monta en una balsa para navegar al medio día, prepárese, que no será fácil. Este es un recorrido que no se puede perder, porque haciendo el mismo podrá visitar una de las mayores poblaciones de cocodrilos americanos que viven en vida silvestre del planeta, y que se encuentran en peligro de extinción.

Luego de vivir esta antesala calurosa, puede continuar la ruta hacia el balneario de agua dulce Las Barias, en el municipio de La Descubierta, perteneciente a la provincia Independencia. El lugar es muy tranquilo, pero más que nada, poderosamente verde (rodeado de árboles centenarios), fresco y relajante.

CRECIMIENTO DEL LAGO.- Continuando con la vuelta al Lago se encontrará con la carretera inundada por el crecimiento del mismo. El crecimiento del Lago, como resultado del cambio climático en los últimos seis años, provocó que pasara de su tamaño original de 17, 200 hectáreas o 172 kilómetros cuadrados, a 26 569 hectáreas en enero de 2009, y un mes después (febrero de 2009) su tamaño aumentó hasta las 28 134 hectáreas; ya en abril de 2011 su superficie llegó a superar las 37 mil hectáreas, cifra que equivale a 370 kilómetros cuadrados. Actualmente el Lago tiene una extensión de 209 kilómetros cuadrados. Las cifras varían según la ocurrencia de tormentas, ciclones o épocas de sequía. Siguiendo el camino, podrá ver además la comunidad Nuevo Boca de Cachón desarrollado por el actual Gobierno dominicano, donde fueron trasladadas las familias cuyas casas inundó el Lago.

La ruta de esta carretera le lleva hasta Jimaní, en la frontera con Haití. Allí el comercio entre las dos naciones cobra vida. Pero le recomiendo no detenerse demasiado tiempo, porque el camino es largo, además, después de pasar por esa comunidad viene el tramo del recorrido con una de las vistas más fabulosas (Jimaní, El Limón, Vengan a Ver). Esto es muy simple, este recorrido da la sensación de estar en otro plano, la belleza es sublime al extremo. Sembradíos que arropan y adornan el paisaje, y gente que ve pasar a los desconocidos y les miran a los ojos como diciendo: “Oh, qué raro que vino por aquí, pero qué bueno”.

Cuando usted viene a llegar a Duvergé, de seguro ya estará un poco cansado, pero deténgase en el parque de este municipio, respire, tome fuerzas, descubra un poco de su gastronomía y continúe el camino… llegará abrumadoramente cansado a la Capital, pero profundamente feliz.

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