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Una madre imperfecta

La doctora Erika Barroso aprendió con sus hijos que no existe una madre “Summa Cum Laude”, pero si una que lo entrega todo por ellos y que los ama de manera inmensurable e incondicional.

Erika es una madre imperfecta, pero que ama a sus hijos de manera inmensurable.

 

Texto: Manuela Lora/MS

Fotos: Bryan Aquino/MS

 

SANTO DOMINGO.- Erika Barroso, médico especialista en medicina estética y Anti Aging, y entusiasta emprendedora del proyecto “Activa tu Belleza”, es una madre imperfecta. Ella lo sabe, está consciente. Sin embargo, esto no ha impedido que ame de manera inmensurable a sus hijos y les muestre a diario los valores que hacen de ellos seres humanos que vale la pena conocer.

Muchos conocen a Erika y la siguen a través de sus redes sociales. Se trata de una profesional venezolana con amplios estudios a nivel internacional, soportados en más de 10 años de experiencia profesional, no solo como médico, sino también como Beauty Life Coach. Pero detrás de las pantallas de los medios electrónicos por los que puede encontrarla, o fuera de su consultorio médico, se encuentra una mujer sensible y dispuesta a darlo todo por sus hijos.

Adamo, de 10, y Giulianna, de siete años, son la “brújula interna” de Erika, quien hace cuatro años rehizo su vida con un dominicano que, según ella misma afirma, les llena la vida de amor, respeto y seguridad día a día. Junto a sus hijos, Jairo Saúl Aquino Pol y ella recorren el sendero de la vida haciéndola venturosa el uno para el otro.

Sus hijos le llenan su vida de fuerzas.

Adamo y Giuliana son la “brújula en la vida de la doctora Barroso.

 

EXPERIENCIA.- Hurgando su pasado para poder narrar en una entrevista exclusiva para MercadoSocial.com acerca de su rol de madre, Erika recuerda que Adamo su “príncipe azul”, llegó cuando tenía cinco años de casada en su primer matrimonio.

La doctora explica que se trató de un embarazo sorpresa, diagnosticado a las 16 semanas de gestación, pero que le transmitió muchísima alegría y amor, pero también mucho miedo y ansiedad, no sabía si estaba preparada para ser mamá.

“Me había preparado en la universidad para ser médico, pero no había pensum académico que te graduara Summa Cum Laude como mamá. Afortunadamente pronto entendí, que no hay momento exacto, ni currículo, para definir y otorgarte el rol de ser madre, que no hay mamá perfecta y que solo el amor por un nuevo ser que crece dentro de ti te da la fuerza y seguridad para seguir adelante y hacer lo mejor posible por él, por su crecimiento, desarrollo y bienestar”, expresó.

Tres años después, en sus brazos estaba su “sonrisa rosada”. Nueve meses antes, en la cena de Navidad, alguien le dijo “Estás embarazada, tienes rostro de mujer embarazada”. Su corazón empezó a latir a mil: “Sin saber por qué y sin sospecha de embarazo, con el abdomen más plano y definido que había tenido en mi vida,  antes de llegar a casa pasé por el laboratorio a realizar una prueba en sangre, la cual para el día 25 de diciembre del 2009 tenía como regalo del Niño Jesús, una respuesta positiva”.

Asegura que fue una noticia recibida con mucha alegría y amor, ya sin miedos ni ansiedades porque Dios me había demostrado que sí sabía ser mamá. “Ya sería mamá de dos, ¡qué emoción!”, recordó.

Erika asegura que con y sin miedo, ha disfrutado al máximo sus hijos.

APRENDIZAJE.- Erika asegura que con y sin miedo, ha disfrutado al máximo sus hijos desde que sus corazones latían dentro de su vientre.

“Mis hijos han sido un cambio mágico en mi vida, me han enseñado que no existe mamá graduada, que solo ellos pueden llevarte a aprender día a día ser madre”, indica la joven, pero experimentada profesional: “Me han llenado de desvelos, fiebres, vómitos, llantos, paredes pintadas, juguetes por doquier, pero al mismo tiempo, de miles de sonrisas, alegrías, amor, fortaleza, respeto, humildad. Cambiaron las prioridades de mi vida y su valor”, expresó la madre, asegurando  que ellos son el motor de su vida, quienes le dan el aliento para seguir adelante, en esos días y momentos no tan fáciles, ni tan color rosa.

Realmente, Erika no puede definir con quien es más sensible, pues asegura que tener varón y hembra le hace tener debilidades con ambos: “Con cada uno vivo su género y sus personalidades. Cada uno demuestra día a día su amor y apego por mamá. Adamo, excelente en las matemáticas, como multiplicando sus afectos; mientras que Giulianna, femenina y pícara, como cada frase que pronuncia en inglés. No hay día donde no estén presentes abrazos, besos, “cuéntame de tu día”, y un “mami te quiero hasta el infinito y más allá”. Son niños muy cariñosos, tiernos, inteligentes y humanos”, narró la doctora.

Erika afirma que solo el amor por un nuevo ser que crece dentro de ti te da la fuerza y seguridad para seguir adelante.

Erika rehizo su vida hace cuatro años con Jairo Saúl Aquino Pol.

REALIDAD.- De acuerdo con ella, la parte complicada de ser madre es demostrarle a los hijos de manera segura, física y emocionalmente, que el mundo no es una caja de cristal, que no todo es color rosa, ni todos los días son soleados, pero que cada día es para vivirlo y aprender de él.

“Los valores son la base de cada ser humano y aunque cada madre quisiera una vida perfecta para sus hijos, todas sabemos que eso no existe, y que nos toca enseñarles a bailar bajo la lluvia, cambiando el color gris por el color que más les de vida, y a levantarse con más fuerza después de las caídas”, expresó con seguridad.  

Según esta madre, complicaciones hay muchas: “Pero cuando ya como madre entiendes que en la vida no hay exigencias ni perfecciones, que todo tiene sus altas y bajas, que no puedes controlar absolutamente todo, que el mundo que te rodea está para convivir contigo y no para competir o estar en contra de ti, te das cuenta que puedes no solo llevar el rol de madre y de profesional, también el de esposa, familia y amiga”.

 

TAREAS.- Para Erika, el gran secreto de poder combinar de manera perfecta su vida de madre con la profesional, está en la calidad del tiempo y de las cosas que se realizan en cualquiera de estos roles, haciendo las cosas por amor y no porque son un compromiso u obligación, ya que esto le permite disfrutar sus experiencias al máximo y dar lo mejor de sí.

“No tengo una vida perfecta, esas vidas solo existen en cuentos, pero sí una vida real con alegrías, problemas, sustos, risas, enfermedades y salud, donde cada momento se vive, se siente y de él se aprende, para seguir adelante con responsabilidad”, manifestó la doctora.

 


DATO PROFESIONAL

Siga a la doctora Erika Barroso en su cuenta @activatubelleza


 

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