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Sastre y alguacil… ¡Tremendo abogado!

Yorkina Fernández/MS

Fotos: Bryan Aquino/MS

Carlos Manuel se trazó objetivos y los cumplió.

Carlos Manuel se trazó objetivos y los cumplió.

SANTO DOMINGO.- Ser una persona emprendedora implica hacer sacrificios para poder llegar a los objetivos trazados que mediante experiencias, habilidades y capacidades se pueden obtener.

En una entrevista exclusiva con MercadoSocial.com, Carlos Manuel Felipe Báez habló sobre las duras experiencias que le tocó vivir para poder ser la persona que es hoy, un exitoso abogado y, sobre todo, apasionado por su trabajo.

El joven emprendedor del Derecho se crió en el seno de una familia de escasos recursos de Cotuí, compuesta por su madre, Lady Báez, y sus abuelos maternos, a quienes describió como personas sencillas y de buen corazón.

De su madre dice haber conocido el arte culinario de elaborar deliciosos platos dominicanos (aunque aclara que siempre prefirió que ella los hiciera para él comérselos), además, de ella recibió una formación estricta y exigente, pero más que nada, amorosa.

Por otro lado, cuenta que  una vecina lo instruyó en el mundo de la costura, siendo este su primer empleo, donde realizaba pequeños trabajos a las personas de la comunidad.

RECORRIDO.- Con apenas 16 años, se muda a Santo Domingo con unos primos. Desde su llegada, empezó a trabajar en le empresa Sabores Cosco Dominicano,  donde ayudaba en los quehaceres de la cocina y, en su tiempo libre, se dedicó aprender química.

Pero la vida de estar todo el tiempo en la cocina no era su ideal. Como siempre le gustó salir a la defensa del más necesitado, se inscribió en la Universidad Autónoma de Santo Domingo a estudiar Derecho.

Como el sueldo que cobraba en esa empresa no le alcanzaba para las nuevas responsabilidades asumidas, ahorró todo lo que pudo. Tanto así, que para ir a la universidad esperaba el última autobús, que cobraba tres pesos en aquel tiempo, y era el único que podía pagar. En ocasiones, no contaba con el pasaje y tenía que caminar hasta la UASD desde su trabajo… una larga distancia.

Felipe Báez, mientras estudiaba, se enamoraba cada día más de su carrera. Deseaba con ansias terminar y poder ejercer lo que verdaderamente le apasiona, la abogacía.

La situación económica para este joven soñador mejoró. Como enlazaba amistades con compañeros de estudios, consiguió un trabajo en el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva como alguacil. Este puesto le originaba el salario suficiente para seguir pagando sus estudios.

Carlos Felipe posee dos maestrías.

Carlos Felipe posee dos maestrías.

CRECIMIENTO.- Con esfuerzo, dedicación y, sobre todo, sacrificio, Carlos Manuel Felipe Báez se graduó con honores de la liceniatura en Derecho en octubre de 2005. Desde ese momento, decidió emprender el camino de su carrera. Llevó currículums a decenas de oficinas de abogados, pero ninguna daba respuesta. Después de un mes de espera, recibió una llamada de la oficina del abogado Jorge Lora Castillo. En esta oficina permaneció dos años y medio, y le sirvió para expandir sus conocimientos.

Fue fundador de la oficina Felipe, Domínguez, Hernández & Asociados, y, hoy día, es co-propietario  de la firma Carlos Felipe Law Firm [1]. [2]

Felipe Báez no quiso permanecer con los conocimientos adquiridos en la alta casa de estudios. Realizó dos maestrías: una, en Derechos Corporativos de los Negocios; otra, en Procedimiento Civil.

Carlos Felipe junto a su "Princesa" Sophia.

Carlos Felipe junto a su «Princesa» Sophia.

La madre de Carlos Felipe, junto a su nieta Sophia.

La madre de Carlos Felipe, junto a su nieta Sophia.

RECONOCIDO.- Hoy día, cuenta con más de 15 años de experiencia en el área de justicia y leyes. Este abogado de gran estima se describe como una persona perseverante y con mucha fe, afortunado de poder cada día hacer lo que le apasiona.

Este destacado abogado está casado con la también abogada Elizabeth Rodríquez, y juntos procrearon a Sophia, mejor conocida entre quienes les aman como la «Princesa Sophia».

La vida de Felipe Báez es un ejemplo de dedicación, perseverancia, y sacrificios, en especial, para todos aquellos que tienen una meta y desean cumplirla. Es un ejemplo de no rendirse.